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La postal desconocida de Einstein y otras joyas del padre de las matemáticas hispanas

Consejo Científico recibió en cinco cajas el legado de Julio Rey Pastor, el científico que renovó la disciplina en España y Argentina.

La postal inédita de Einstein que recibió Julio Rey Pastor y, a la derecha, la carta, firmada también por Einstein.

          El País

Actualizado:

29 jun 2026 - 12:47

Hace algunas décadas, antes de la invasión de las pantallas, era costumbre que, cuando acababa el curso escolar, los chavales pasaran la carpeta a sus compañeros de clase para que dejaran dibujos, poemas subidos de tono y dedicatorias jocosas.

De forma parecida, hace dos siglos, los hombres de la alta sociedad, que usaban abanicos, se los dedicaban unos a otros, en reuniones familiares o tertulias científicas y literarias.

El abanico que contempla ahora EL PAÍS es una auténtica joya; los chascarrillos de esas carpetas de los ochenta se transforman aquí en pequeños y elegantes ripios de José Ortega y Gasset o Augusto Pi Suñer. 

También hay un curioso poema matemático, escrito con una caligrafía exquisita:

“¿Qué es la vida? / Una ecuación que se plantea al nacer / y con inútil tesón / pretendemos resolver / sin hallar la solución. / Triunfar en esta porfía / hasta descubrir en dónde / entre el duelo y la alegría / la felicidad se esconde / es la gran sabiduría”.

El poema lo escribió Julio Rey Pastor, uno de los grandes matemáticos españoles, brillante y controvertido, y el abanico forma parte de los 131 documentos y objetos que su nieta acaba de legar al Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). 

Llegaron hace unas semanas en valija diplomática a la Unidad de Recursos de Información Científica para la Investigación, donde serán analizados, clasificados y puestos a disposición de cualquier investigador que los quiera analizar digitalmente a través de la herramienta SIMURG, los fondos digitalizados de las bibliotecas y archivos del CSIC. 

EL PAÍS asiste a la entrega de las cinco cajas que contienen los documentos, que van desde 1908 a 2007. 

Al abrir las cajas, que salen a la luz por primera vez, los archiveros del CSIC descubren tesoros matemáticos e históricos de valor incalculable: entre ellos está el abanico, y una postal manuscrita y una carta firmada por Albert Einstein.

“Tengo el corazón en un puño”, dice María Rey Pastor, la nieta del matemático, que ha sido la encargada de recopilar los documentos y entregarlos al CSIC. 

“Es como un viaje largo que ha llegado a su destino”, reflexiona, emocionada. El viaje arranca en 1888, cuando nace Julio Rey Pastor en Logroño. 

Quiso ser militar, como su padre, pero no lo consiguió. 

Según la leyenda, fue suspendido en el ingreso a la Academia Militar de Zaragoza porque su examen de matemáticas era demasiado raro, demasiado innovador, aunque Luis Español González, experto en su figura, cree que es probable que esa información forme parte de la leyenda que existe sobre el científico, agrandada porque pasó parte de su vida en Argentina, y por su carácter, hosco y solitario.

Lo que sí se sabe es que acabó estudiando Exactas en la misma ciudad, con un maestro que tenía una biblioteca privada “mejor que la de la propia facultad”, dice Español, matemático de la Universidad de La Rioja que lleva décadas estudiando la figura de Rey Pastor. 

Desde esa biblioteca comenzó a construirse un matemático que acabaría cambiando la historia de la disciplina en dos países.

Agnès Ponsatí, directora de la Unidad de Recursos de Información Científica del CSIC, cree que legados como este ayudan a mejorar la información, muchas veces escasa, de las grandes figuras de la ciencia española en el último siglo

Muchos investigadores que cambiaron la historia de la ciencia en España vivieron exiliados o a caballo entre varios países, y otros, simplemente, no dejaron documentos a su paso. 

Afortunadamente, la familia de Rey Pastor decidió guardar prácticamente todo.

Hay recortes de prensa, cuadernos de apuntes, correspondencia con científicos de la época, fotografías familiares, un libro del Premio Nobel de Medicina Santiago Ramón y Cajal con su dedicatoria, los chaqués académicos que Rey Pastor usó en toda clase de ceremonias, los títulos y premios que ganó y esas dos joyas epistolares hasta ahora inéditas: los escritos de Einstein.

Julio Rey Pastor fue uno de los investigadores españoles que trabajó más duramente para traer a Albert Einstein a España. La visita se produjo finalmente en 1923, en un rocambolesco viaje de dos semanas.

Pero Einstein escribe a Rey Pastor tres años antes, el 14 de julio de 1920; la postal manuscrita no lleva fecha, pero los archiveros consideran que es probable que sea anterior y el primer contacto entre ambos. 

En la carta, Einstein declinaba muy amablemente la invitación a viajar a España Debo informarles de que es completamente imposible para mí venir a España en este momento”, escribe, a máquina, en alemán. 

Grandes exigencias debido a compromisos médicos hacen necesario que viva tranquilo por un tiempo y evite empresas emocionantes de cualquier tipo. 

Por entonces, Einstein padecía serios problemas. Había tenido una úlcera de estómago, ictericia y sufría un deterioro general de su salud, consecuencia directa de los años de privaciones en Berlín durante la Primera Guerra Mundial.

Vivía solo, había trabajado sin descanso en su teoría de la relatividad general, con una dieta pésima por el racionamiento de guerra. 

A los 38 años, en 1917, perdió 25 kilos por problemas hepáticos. Así que, cuando escribe a Rey Pastor, en julio de 1920, diciendo que necesita “evitar empresas emocionantes de cualquier tipo”, no exagera. 

Es, además, el mismo año en que escribía al físico Hendrik Lorentz: “El sufrimiento aquí [en Berlín] es espantoso, mucha gente muere de malnutrición”.

Einstein, muy amable, añade: “Le ruego que no me envíe una invitación oficial para no verme en la incómoda situación de tener que rechazarla”. Promete, en cambio, conocer “su hermoso país y su mundo científico en otro año”.

La carta “muy posiblemente se enmarca en los esfuerzos que en 1920 realizaban conjuntamente Esteban Terradas, Ramón y Cajal y Julio Rey Pastor para que Einstein impartiera una serie de conferencias en Madrid y Barcelona”, dice el CSIC.

Rey Pastor ya había coincidido con Einstein en Berlín y le había reiterado el interés que despertaba en España su teoría de la relatividad.

Pocos días después de esta carta, Einstein escribiría a Cajal en términos similares.

Tres años después de esa carta, Einstein llegó a Barcelona en tren desde Francia un 21 de febrero de 1923, sin avisar de en qué tren viajaba, y nadie fue a recibirle a la estación.

Tanto la correspondencia con Einstein como el abanico son dos joyas, y es un privilegio observarlos y pensar en la historia y los personajes que los protagonizan.

Pero las archiveras Alba Estráviz y Olga Fernández, y también Luis Español, destacan algo más en el legado: los cuadernos de trabajo del matemático. 

Este ganó la cátedra de Oviedo en 1911 y en ese mismo año, con una beca de la Junta para la Ampliación de Estudios, viajó a Berlín. En 1913 fue a Gotinga, donde estudió con matemáticos de la talla de Paul Koebe y Constantine Carathéodory.

Los cuadernos de esas estancias alemanas son una belleza; están llenos de dibujos, fórmulas, apuntes, reflexiones.

“Intentar entender lo que una cabeza brillante tomaba como notas apresuradas en las dos grandes universidades alemanas de entonces”, dice Luis Español, “me parece lo más importante de todo el legado”.

Cuando volvió a España, Rey Pastor se instaló en Madrid y emprendió una guerra —esa es la palabra que usa Español— contra los catedráticos, a quienes describía como “vegetarianos de las matemáticas” en un momento en que España “necesitaba carnívoros que las devoraran”. 

En 1913, con 25 años, escribió un discurso que escandalizó a la vieja guardia: Los matemáticos españoles del siglo XVI.

“Su objetivo fue demostrar que por entonces ya empezó el retraso de la matemática española respecto a la europea. 

Como añadido crítico de la situación de la matemática, afirmó que a España no le bastaban buenos profesores, necesitaba buenos investigadores”, aclara Español.

Una dualidad atlántica que duró toda la vida

En 1917, llegó la invitación que cambiaría su vida. 

La Institución Cultural Española de Buenos Aires estaba fundada y presidida por Avelino Gutiérrez, un médico cirujano español afincado en Argentina que había hecho fortuna y dedicaba parte de ella a financiar el intercambio científico entre los dos países. 

La institución le propuso viajar a dar clases; Rey Pastor aceptó y ocupó la cátedra que acababa de dejar José Ortega y Gasset.

El éxito fue inmediato y rotundo

El público universitario argentino quedó deslumbrado. 

Avelino Gutiérrez escribió a Santiago Ramón y Cajal, en una carta fechada el 18 de octubre de 1917, para contarle “la satisfacción existente en Buenos Aires por la manera brillante y erudita con que el joven y sabio profesor expuso ante el público universitario argentino sus profundos conocimientos de ciencia matemática clásica y moderna”.

Lo que Gutiérrez no mencionaba en la carta, o quizá todavía no sabía, es que aquel joven matemático español iba a casarse cuatro años después con su hija Rita. 

El círculo se cerraba de un modo que entonces nadie podía prever.

Rey Pastor se trasladó definitivamente a Buenos Aires en 1921, aunque durante años mantuvo una vida partida por dos hemisferios: seis meses en España, otros seis en Argentina, en virtud de un acuerdo que le permitía conservar su cátedra madrileña a cambio de impartir cursos especiales. 

“Fue un ir y volver constante, una dualidad atlántica que duró toda su vida”

Luis Español

En Argentina construyó una escuela matemática prácticamente desde cero. 

Llegó a una facultad de ingeniería donde no existía el doctorado en Matemáticas y lo creó. Dio cursos de formación de maestros. 

Escribió manuales que tuvieron vigencia durante décadas. Fundó la Unión Matemática Argentina en 1936. 

Acogió en 1939 a dos exiliados del fascismo: el matemático español Lluís Santaló, que huía de Franco, y el italiano Beppo Levi, que huía de Mussolini.

Entre sus discípulos directos están Sixto Ríos; en su órbita intelectual, Manuel Sadosky, considerado el padre de la informática argentina. También fue profesor de epistemología de la ciencia en la Facultad de Filosofía y Letras de Buenos Aires.

“Sobre este tema mantuvo una intensa actividad editorial a partir de los cuarenta, por su propia iniciativa y como director de colecciones de Espasa-Calpe”, añade Español.

Era, sin embargo, un hombre de difícil convivencia. 

Peleón, incisivo, incómodo. “Nunca tuvo discípulos en el verdadero sentido de la palabra, porque nadie conseguía convivir con él mucho tiempo”, cuenta Español.

Sus propios alumnos decían ser “discípulos de sus libros más que de él mismo”, añade. 

Vivió solo la mayor parte de su vida, separado físicamente de su familia porque, según explicaba, en su casa había demasiada vida social para poder trabajar.

“Era un solitario”, explica Español. Y lo corrobora su nieta.

María Rey Pastor no conoció a su abuelo: murió cuando ella era muy pequeña. 

Fue su padre quien guardó los documentos, y luego su madre, y luego ella, que los heredó todos cuando su tía Julia Elena Rey Pastor murió sin hijos y le donó lo que tenía. 

Empezó a ordenarlo a los 20 años. Tardó décadas en decidir qué hacer con ello.

“Me resultó muy difícil darme cuenta de quién era mi abuelo”, dice.

“Como matemático fue un genio, quizá no tanto como padre y esposo”. 

Su propio padre, de niño, firmaba las cartas como José Rey Gutiérrez, el apellido de su abuelo materno, que era quien los criaba mientras Rey Pastor estaba en otro hemisferio o en otro piso de la misma ciudad.

La que empujó de verdad a María Rey Pastor a realizar este legado fue la influencia de Eduardo Ortiz, matemático e historiador de las matemáticas, discípulo de Rey Pastor y profesor del Imperial College de Londres, que compiló su obra completa en ocho volúmenes en microficha, siete de los cuales están también en las cajas donadas. 

“Fue él quien me incentivó a hacer esto, el que me impresionó con respecto a la figura de Rey Pastor”.

Hace dos años, María Rey Pastor empezó a digitalizar sola todos los documentos. Le llevó meses. Después comenzó a charlar con el CSIC y a mostrarles los documentos que tenía.

El contacto con el CSIC llegó a través de la Fundación Ortega y Gasset de Argentina y, una vez establecido, hubo más meses de coordinación. 

Las cajas llegaron a Madrid justo a tiempo para el acto de donación, gracias, insiste Rey Pastor, a la gestión del embajador de España en Argentina, Joaquín de Arístegui. “Le dije: si no llegan, yo desaparezco.”

María Rey Pastor también ha visitado Logroño y allí vio una escultura del artista Félix Reyes que se llama Ausencias; son figuras que representan a personas ausentes. 

El artista le regaló una pequeña reproducción. Y ella reflexiona: al traer el archivo a España, al hacer este acto de donación, todas esas ausencias (su abuelo, su padre, su madre, su abuela) se convierten de algún modo en presencias. 

El archivo las junta a todas, quizá incluso a pesar de lo que habría opinado su abuelo, el sabio, el gran solitario.

Julio Rey Pastor murió en Buenos Aires el 21 de febrero de 1962. Tenía 73 años. 

Su labor como investigador y organizador de la vida matemática, impulsando la renovación de la enseñanza, promoviendo instituciones y revistas científicas y, en definitiva, siendo una figura fundamental en la historia de las matemáticas hispanas, se recuerda en calles y colegios que llevan su nombre en Buenos Aires, Madrid y Logroño.

Los 131 registros documentales se integrarán ahora en el Archivo Julio Rey Pastor, que ya custodia la Biblioteca Jorge Juan del CSIC, y que hasta ahora contenía principalmente documentación de su etapa temprana, incluido el manuscrito de su tesis doctoral. 

Es, según los archiveros, la primera vez en casi un siglo que las dos mitades de su vida quedarán bajo el mismo techo.

Un documento tiene poco valor por sí mismo”, explica la archivera Olga Fernández. “La importancia reside en su contexto; el verdadero valor es la historia que cuenta el conjunto.” 

Con las dos mitades de la vida de Rey Pastor juntas, la nieta del matemático se queda con muy poco: las actas del simposio del centenario de 1988 y la reproducción de una placa. 

“Tenía todo esto en mi oficina hasta hace tres semanas”, dice. 

“Iba a trabajar todos los días y ahí estaban, en la estantería”. Ahora están en Madrid. “Donde deben estar, concluye.

Contenido publicado el 20 de jun de 2026 en El País, ©EDICIONES EL PAÍS S.L.U.. Se reproduce este contenido con exclusividad para Ecuador por acuerdo editorial con PRISA MEDIA.