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Terremotos en la región: ¿Está listo Ecuador?, ¿qué debemos hacer?; esto dice un experto

Los terremoto del 24 de junio en Venezuela y del 10 de agosto en Colombia tienen en alerta a la región. El geólogo Theofilos Toulkeridis explica las implicaciones y habla del caso de Ecuador.

En Cali, Colombia, continúa la búsqueda de sobrevivientes este miércoles 12 de agosto, tras el terremoto del lunes.

Raquel Cunha, Reuters

Autor

Yadira Trujillo Mina

Actualizada:

12 ago 2026 - 12:52

La situación sísmica en la región es el foco de atención tras el terremoto del lunes 10 de agosto de 2026 en Colombia. Y luego del que sacudió Venezuela el pasado 24 de junio.

¿Puede pasar en Ecuador?, ¿cómo hay que actuar ante este tipo de eventos de gran magnitud? Son algunas de las preguntas que surgen entre la ciudadanía.

En entrevista con Teleamazonas.com, el geólogo, docente e investigador Theofilos Toulkeridis respondió estas dudas. Además explicó qué ocurre en la región y cuáles son las similitudes de la situación sísmica en los países vecinos.

1. Primero Venezuela, ahora Colombia. ¿Qué pasa en la región?

 R: Estamos conectados a través de los Andes. Tenemos la misma geodinámica entre Ecuador, Colombia y Venezuela.

Tenemos tres placas importantes: oceánica nazca, continental caribeña y sudamericana

Lo que pasó en 2016 en Ecuador fue el choque de la placa oceánica nazca contra el continente, la placa caribeña. Lo mismo pasó el 10 de agosto en Colombia

Lo de Venezuela fue a través de la megafalla Guayaquil-Caracas: su origen es en el golfo de Guayaquil, cruza casi todo el Ecuador, más que todo la Sierra, todo Colombia y gran parte de Venezuela hasta su capital, Caracas. 

Allá tenemos dos placas: la Caribeña y la sudamericana, que se tocan y se mueven en direcciones opuestas. Y cuando se mueve de forma brusca tenemos terremotos.

2. Se sintió fuerte en varias provincias de Ecuador. En Quito pareció que el sismo hubiera sido aquí. ¿Por qué?

 R: La idea de propagación de las ondas es la responsable de que se sintió en casi todo nuestro país. Tenemos una conexión a través de nuestros muy débiles suelos, por eso lo sentimos como que fuera en nuestro propio terreno.

3. Tenemos la experiencia del 16 de abril de 2016, ¿Ecuador está preparado para otro terremoto?

 R: No, no estamos preparados. Ni desde la ciudadanía ni desde las autoridades. Tampoco a través de la parte estructural. Tenemos una deficiencia de conocimiento sobre cómo reaccionar cuando pasa un terremoto.

Eso se nota en todos lados. Se mueve un poco la tierra y la gente empieza a gritar a correr. Simplemente el pánico porque no saben qué va a pasar y cómo tienen que actuar.

4. ¿Qué hacemos mal?

 R: La gente no tiene un plan familiar, pese a ser una cosa tan sencilla de elaborar. Casi nadie busca un curso para prepararse en primeros auxilios. Tanto en el tráfico como en la cocina puede pasar algún accidente y podríamos ayudar, pero no se hace, mucho menos cuando pasa un terremoto.

Si hablamos de, si en una organización o sitio de trabajo, si la gente está preparada, conoce planes de evacuación, si se hacen simulacros, nadie lo hace, tampoco en las escuelas.

Hay otra parte trágica, casi criminal: en Ecuador estamos acostumbrados a que se den permisos para casas que no son sismorresistentes a pesar que existen reglas de cómo construir para no hacerlo en vulnerabilidad.

De parte de la autoridad, ¿dónde están las campañas donde se dice qué hacer, dónde construir y dónde no? No hay que dar permisos donde existía un pantano, donde tenemos un potencial de licuefacción: que significa que el agua es retenida en el suelo y sale cuando pasan movimientos, queda en forma de gelatina y el edificio puede girarse o hasta colapsar.

5. Yendo de lo macro a lo micro, ¿cuáles serían las acciones mínimas que debemos tomar como país?

 R: A través del Estado debería consolidarse un grupo de académicos que saben de la temática, que pueden suavizar su lenguaje, que no tengamos tecnicismos cuando se explica qué hay que hacer.

Necesitamos también una gobernanza de territorio. Ordenamiento territorial, que no se construya más en sitios vulnerables.

Yo he propuesto algo que existe en otros países como España y Chile: crear una UME (Unidad Militar de Emergencias). Tener este tipo de militares intelectuales académicos, que sí tenemos, pero necesitamos muchos más.

Con esto, en tiempos de paz se encargan de prepararnos, prevenir, dan charlas, ayudan a reforzar edificios y a que la infraestructura estratégica del país que sea sismorresistente. En el momento que pase alguna cosa, dan la respuesta y después actúan en la parte de resiliencia. Es decir, están antes durante y después de un evento adverso.

La cultura preventiva debe ser en todos los niveles sociales, del más pobre al que más posibilidades económicas tiene.

6. ¿Y qué hacer en el núcleo familiar?

 R: En la parte familiar podemos hacer muchas cosas. Un plan familiar es muy sencillo. Si pasa alguna cosa, como el lunes en Colombia, no hay comunicación, los celulares no funcionan. Tenemos que decir: "nos vemos donde el tío Pepe, ahí vamos a reunirnos", definiendo el lugar donde vive este familiar y a qué distancia está. Así, el padre no va al colegio y el niño no busca a la hermana en la universidad.

Hay que tener algunos elementos más:

  • Un curso de primeros auxilios
  • Saber qué tipo de sangre somos puede salvar vidas
  • Tener botiquines de primeros auxilios, no comprar porque eso no sirve. Hay que armarlo y tener uno en el carro, otro en el sitio de trabajo. Y en la casa uno inteligente, con copia de documentos, algo de efectivo porque las tarjetas no van a servir, medicamentos de algún miembro de la familia, etc.

7. Podemos prevenir, pero ¿también podemos predecir?

 R: Tenemos una cierta ciclicidad de los eventos adversos, tal como tenemos el invierno y verano cada año. Lo mismo pasa con los terremotos, tsunamis y volcanes.

En el caso de lo que pasó en Pedernales, hay una ciclicidad de 60 años. O sea que en los próximos 60 años podemos estar tranquilos.

En Quito tenemos, en promedio, cada 100 años un terremoto fuerte. El último fue en 1859, es decir, estamos encima de la ciclicidad, por lo tanto se acumula energía y la liberación de energía acumulada será mayor cuando suceda.

En diferentes sitios donde han ocurrido terremotos vuelve a pasar porque son procesos naturales recurrentes y tienen su ciclicidad.