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Vivir sin móvil es un lujo: hoteles ofrecen desconexión, pero no todos pueden permitirse dejarlo

Algunos hoteles de lujo ofrecen ‘detox’ digital, una experiencia que evidencia que vivir sin móvil también es cuestión de clase.

Hoteles de lujo ofrecen experiencias de desconexión digital completa para sus huéspedes.

Pressfoto

Autor

Raúl Novoa

Actualizada:

17 sep 2026 - 16:30

En la serie The White Lotus, una trabajadora del lujoso hotel requisa los teléfonos móviles a una familia de huéspedes.

Lo justifica por la necesidad de desconectar de los dispositivos y las numerosas notificaciones mientras se está de vacaciones. También estimulan las actividades deportivas.

Para que la ficción sea creíble debe ser verosímil. Sea a orillas del Mediterráneo, del Atlántico o en el medio rural, varias cadenas hoteleras de lujo en España ya apuestan por este turismo depurativo y por cansarse para descansar.

Primero hay un ritual de entrega. Es un gesto performativo: en el hotel Vincci te reciben con una bebida y una sesión de spa antes de entregar el móvil durante toda la estancia.

La desconexión digital y cuidar el cuerpo se venden como una experiencia prémium, pero también sanitaria. Es algo reservado al lujo de las vacaciones más que a una posible rutina.

El lenguaje que rodea estas ofertas —detox, wellness, cuidado, higiene digital— viene del mundo de la salud y el bienestar. El marco sanitario legitima el precio de más de 500 euros la noche.

“El lujo ha cambiado. Ya no consiste únicamente en dormir en una gran suite o disfrutar de una buena cena. El verdadero lujo es volver a casa sintiéndote mejor de lo que llegaste. Con más energía, más inspiración y la sensación de haber aprovechado cada minuto de tus vacaciones”.

Jorge Manzur, director general del hotel Don Carlos Marbella

Si bien no requisa los teléfonos móviles, basa parte de su oferta en el uso de las instalaciones deportivas Rafa Nadal Tennis Center.

“Los huéspedes buscan una excelente gastronomía, pero también la posibilidad de practicar deporte y reservar momentos para el bienestar y la desconexión”, asegura.

El objetivo de estos hoteles, según él, no es que la pausa sea un paréntesis agradable, “sino que el huésped regrese a casa con una sensación real de bienestar”.

Justin Bieber, Ed Sheeran o Christopher Nolan dejaron sus teléfonos para proteger su salud mental.

Que los teléfonos móviles y la vida digital nos estresan es un hecho. Así lo reconoce un estudio de The London School of Economics and Political Science.

Tenemos la concepción de que nuestras vidas digitales son agobiantes y tóxicas.

Pero eso lo hace también una cuestión de clase y estatus: lo necesitamos para coger un tren, acceder a lugares que exigen entrada por QR o hacer ciertas gestiones burocráticas.

“Si hay alguien que consigue vivir sin teléfono, es porque tiene el privilegio de contar con personas a su alrededor que le cubren”, defiende Marta G. Franco, autora del libro Internet. Por unas vidas digitales más sanas (Litera, 2025).

Paloma Martínez, periodista, escribió un artícu­lo en elDiario.es sobre un reto de estar un mes sin usar el móvil por la calle, consultando las notificaciones solamente en su casa.

En él, cuenta lo automatizada que tenía la tarea de sacar el teléfono aun sin sentir las notificaciones.

“Me dio pena darme cuenta de esa dependencia interiorizada en el gesto de mirar el móvil inconscientemente. Pero a la vez me interesa no caer en la culpabilización por algo que no depende de mí”, valora.

El marco es moralizante: estar hiperconectado se ve como una debilidad y desconectar como una virtud.

“Ni hay que optimizar cada minuto del día ni obligarse a mirar dos horas seguidas el suelo del autobús. Ya bastante complicado es todo como para no ver un par de reels”, expone Martínez.

“Hay un FOMO y modas alimentadas por las big tech que hacen parecer a las plataformas imprescindibles. A veces hay que huir de inercias y plantearnos si merece la pena”, concluye Franco.

Igual no hace falta gastarse el dinero en usar menos el teléfono móvil. Quizás basta con usarlo con sentido.

Contenido publicado el 13 de septiembre de 2026 en El País, ©EDICIONES EL PAÍS S.L.U.. Se reproduce este contenido con exclusividad para Ecuador por acuerdo editorial con PRISA MEDIA