¿Qué historia se esconde detrás de la colada morada?
Mucho antes de convertirse en una tradición de noviembre, esta bebida de color violeta era parte de antiguos rituales andinos para honrar a los difuntos.

La Colada Morada cuenta cómo Quito recuerda a sus muertos y mantiene viva una tradición.
Quito Informa
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Actualizado:
02 nov 2026 - 07:30
Cada noviembre, el aroma de frutas, hierbas y especias anuncia una tradición que se resiste al paso del tiempo. En Quito, la colada morada no es solamente una bebida: es una historia que se prepara en una olla y que conecta a las nuevas generaciones con una memoria que nació mucho antes de la llegada de los españoles.
Su origen se remonta a las culturas andinas que habitaron el territorio del actual Ecuador. Entre ellas, los pueblos vinculados a la cultura Quitu-Cara preparaban bebidas rituales para honrar a sus muertos.
En la celebración del Aya Marcay Killa, conocida como el “Día de Levantar los Muertos”, los alimentos y bebidas eran una forma de mantener el vínculo entre quienes habían partido y quienes permanecían en el mundo de los vivos.
Una de esas preparaciones era la Yana Api, una colada elaborada con maíz negro. Su color tenía un profundo significado simbólico y representaba la conexión entre la vida y la muerte.
Una receta que también cuenta la historia de Quito
Con la llegada de los españoles y el posterior mestizaje, la preparación fue cambiando. A la receta ancestral se incorporaron ingredientes como panela, azúcar, canela, clavo de olor y pimienta dulce, además de frutas que fueron variando con el tiempo.
El babaco, por ejemplo, terminó ocupando en muchas recetas el lugar que antes tenían el chamburo o chigualcán.
Pero la transformación más importante ocurrió fuera de la cocina. La bebida dejó de ser únicamente una ofrenda ritual y pasó a formar parte de una celebración familiar vinculada a los Días de Difuntos, en un proceso de sincretismo entre las tradiciones andinas y la religión católica.
De generación en generación
Hoy, preparar colada morada es también una forma de recordar, compartir y transmitir identidad. Cada familia tiene su propia receta, pero todas mantienen una misma esencia: una bebida que, después de siglos, sigue conectando la memoria de los muertos con la vida de quienes los recuerdan.
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