Cómo preparar a niños y jóvenes para volver a clases sin cambios bruscos tras vacaciones
El descanso, la alimentación, el uso de pantallas y el acompañamiento familiar pueden ayudar en el proceso de regreso a clases.

Guía para el regreso a clases: Cómo preparar a niños y jóvenes sin cambios bruscos de rutina
Ministerio de Educación
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Actualizada:
23 ago 2026 - 07:00
Durante las vacaciones es común que los horarios cambien. Los niños y adolescentes pueden acostarse más tarde, despertarse a otra hora y pasar más tiempo frente a pantallas. Por eso, el regreso a clases puede requerir un proceso de adaptación previo.
La recomendación es comenzar entre dos y tres semanas antes, sin hacer cambios bruscos.
Ajustar la rutina poco a poco
El objetivo es ajustar progresivamente los horarios que tendrán durante el año escolar.
Una forma de involucrar a los niños es hacerlos parte de los preparativos. Por ejemplo, pueden acompañar a comprar útiles, ordenar sus materiales o preparar su mochila.
Estas actividades permiten que se familiaricen nuevamente con la idea de volver a clases.
También es importante recuperar horarios de alimentación y descanso. Los cambios pueden hacerse poco a poco hasta llegar a la hora habitual para dormir y levantarse cuando empiece el año lectivo.
Menos pantallas y más actividades de aprendizaje
Otro de los hábitos que se puede ajustar antes del regreso a clases es el uso de celulares, videojuegos, tabletas y otros dispositivos.
Reducir progresivamente el tiempo frente a las pantallas puede ayudar a organizar nuevamente la rutina diaria.
El tiempo libre también puede incluir otras actividades. Leer un libro, practicar operaciones matemáticas o realizar juegos que permitan reforzar conocimientos son algunas alternativas durante los últimos días de vacaciones.
La idea no es eliminar por completo los espacios de diversión, sino combinar el descanso con actividades que ayuden a los estudiantes a retomar algunos hábitos relacionados con el aprendizaje.
Hablar sobre los cambios y acompañar a los más pequeños
En el caso de los niños más pequeños, el regreso a clases también puede generar inquietudes por los cambios que se aproximan.
Conversar sobre el nuevo año escolar, las personas que conocerán y cómo se sienten puede ayudar a identificar sus preocupaciones.
Los padres y cuidadores también pueden estar atentos a cambios en el comportamiento o reacciones emocionales.
El acompañamiento durante los preparativos y los primeros días puede facilitar el proceso de adaptación.
La familia cumple un papel importante en la creación y cumplimiento de las nuevas rutinas. Si el proceso se vuelve difícil o aparecen problemas que afectan al niño o adolescente, se puede buscar orientación de un profesional.
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