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Maíz seco, vacas raquíticas: la sequía de El Niño arrasa Centroamérica

Habitantes de Los Piches, en Honduras, sienten los estragos de la llegada del fenómeno de El Niño y temen lo que pueda venir después.  

Darwin Cruz acaricia a un perro mientras observa los restos óseos de una vaca muerta en la aldea de Los Piches, en San Lorenzo, Honduras

AFP

Autor

Karina Amaguaya

Actualizada:

16 sep 2026 - 12:57

El árido Corredor Seco Centroamericano sufre los estragos de la peor sequía que la población recuerda debido al fenómeno de El Niño: la comida escasea y los campesinos se apresuran a vender el ganado antes de que muera.

"A veces me pongo a llorar. A veces uno viene, a veces no", cuenta Lidia Ochoa en San Lorenzo, en el sur de Honduras.

La zona es parte del corredor seco que también abarca áreas de Guatemala, El Salvador, Nicaragua y Costa Rica. Aquí viven más de 10 millones de personas y el 80% de los productores pequeños son pobres, según la ONU.

Acostumbrados a eventos climáticos extremos, la población está desconcertada por la severidad del fenómeno que amenaza con intensificarse a niveles históricos. "Nunca habíamos visto algo como esto", dice Ochoa, de 76 años.

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Un hombre ordeña una vaca en la aldea de Los Piches, en San Lorenzo, Honduras.AFP

En esta época del año la parcela de su paisano Francisco Molina, agricultor y ganadero de 48 años, debería estar cubierta de maíz. Pero es un campo árido rodeado de osamentas de ganado donde el calor sofoca.

La escena se repite en El Salvador.

"Es el primer año que hemos visto esta escasez y esta necesidad de agua", cuenta María de la Paz Portillo, de 31 años, administradora de un tanque cada vez más seco que surte a la comunidad de El Matazano (noreste). En la zona el termómetro ha llegado al récord de 42°C.

El Niño, una variación natural del clima que ocurre cada dos a siete años, eleva las temperaturas superficiales en el centro y este del Pacífico ecuatorial, lo que genera cambios globales en vientos y lluvias, así como condiciones meteorológicas erráticas.

Racionar la comida

Ante la pérdida de cultivos generalmente destinados al autoconsumo, algunos campesinos están reduciendo las comidas o se ven forzados a comprar lo que producen normalmente.

Aunque los gobiernos han declarado el estado de emergencia, su ayuda parece insuficiente y varias comunidades dependen del apoyo de oenegés.

"Todas las cosechas de maíz se van a perder", afirma la líder indígena Elvira Pasá desde una lejana aldea del municipio de Cunén, en el norte de Guatemala, país con serios problemas de desnutrición infantil que se agravan con la sequía.

Sus vecinos, cuenta, ya compran maíz 50% más caro de lo normal.

"Comemos con una tortilla y no volvemos a comer más porque todo está carísimo", se lamenta Lidia Ochoa en Honduras.

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Mazorcas de maíz secas por la llega del fenómeno de El Niño en Honduras.AFP

Antaño el tanque de agua de El Matazano daba para abastecer permanentemente a medio centenar de familias y llenar un depósito donde los vecinos criaban unas 1.000 tilapias para consumo y venta.

Pero dejaron los peces y reservaron el agua para usos prioritarios.

"Nos está afectado porque (...) no estamos consumiendo tilapia, y también en lo económico porque era un sustento", afirma María del Carmen Portillo, de 32 años, en este poblado salvadoreño.

El Niño, que según meteorólogos alcanzará su apogeo a fin de año, podría dejar sin alimento suficiente a 16 millones de personas en América Latinas, dijo a la AFP Lena Savelli, directora regional del Programa Mundial de Alimentos de la ONU.

Según expertos, las repercusiones del fenómeno continuarán hasta bien entrado 2027.

En Panamá el canal interoceánico, que funciona con agua dulce, ya se vio obligado a reducir el tránsito de buques.

Vacas muertas

La falta de agua también ha dejado sin alimento al ganado, al punto que en San Lorenzo algunos productores se ven obligados a venderlo a precios muy bajos antes de que muera.

Un centenar de vacaciones han perecido en esta aldea hondureña en los últimos meses. Las osamentas rodean las parcelas secas y establos donde los granjeros ordeñan animales raquíticos.

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Vilma Ortiz siembra en un invernadero en la aldea de Los Piches, en San Lorenzo, Honduras.AFP

Desde que la sequía se intensificó en junio, Darwin Cruz tuvo que vender dos de sus vacas lecheras y otra murió. Le quedan tres que producen la cuarta parte de lo habitual.

Para un pequeño productor como él es un duro golpe, pues con ese ingreso financia la alimentación de su esposa y dos hijas.

Cruz se pregunta qué hará si no llueve y su respuesta es un lamento: "Vender mis vaquitas".

Algunos moradores como la salvadoreña Vilma Ortiz, de 53 años, intentan arreglárselas produciendo con menos agua.

Para ello construyó un invernadero en El Matazano y en lugar de tomates sembró chiles, un fruto que le dijo es "más valiente" ante la sequía.

Pero el panorama en esta región de tierras agrietadas es sombrío. "La verdad es que ya me está dando miedo porque no sabemos con qué vamos a vivir", confiesa Elvira Pasá en su comunidad guatemalteca.