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25 años del 11-S: la política mundial cambió y arrancó la guerra contra el terrorismo

El 11 de septiembre reconfiguró la política mundial, al abrir una nueva etapa para la seguridad internacional. Tras el atentado, Estados Unidos inició la guerra contra el terrorismo.

La guerra contra el terrorismo se inició tras los atentados del 11 de septiembre en Estados Unidos.

Teleamazonas.com

Autor

Lizette Abril

Actualizada:

11 sep 2026 - 00:00

Los atentados del 11 de septiembre de 2001 no solo provocaron una respuesta militar de Estados Unidos. También transformaron alianzas, impulsaron nuevas formas de cooperación internacional y ampliaron las herramientas utilizadas por los Estados para detectar posibles amenazas.

Tras la caída de las Torres Gemelas, la seguridad y la lucha contra el terrorismo pasaron a ocupar un lugar central en la política exterior estadounidense.

Un día después de los atentados, la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) determinó que, si se comprobaba que el ataque había sido dirigido desde el extranjero, sería considerado una acción cubierta por el Artículo 5 de su tratado.

Era una decisión inédita: el principio establece que un ataque armado contra uno de los miembros de la Alianza es considerado un ataque contra todos.

El 2 de octubre de 2001 se confirmó que los atentados habían sido dirigidos desde el exterior y el Artículo 5 quedó plenamente activado por primera y, hasta ahora, única vez en la historia de la OTAN.

Medidas de apoyo a EE.UU.

El 4 de octubre de ese año, los aliados aprobaron ocho medidas de apoyo a Estados Unidos:

  • Aumentar el intercambio de inteligencia y la cooperación entre los países aliados.
  • Dar asistencia a países aliados y otros Estados amenazados por grupos terroristas.
  • Reforzar la seguridad de instalaciones de Estados Unidos y otros aliados.
  • Reemplazar o cubrir determinados recursos militares aliados dentro del área de responsabilidad de la OTAN.
  • Autorizar el sobrevuelo de aeronaves militares de Estados Unidos y otros aliados por el espacio aéreo de los países miembros para operaciones relacionadas con el combate al terrorismo.
  • Facilitar el acceso a puertos y aeropuertos de los países de la OTAN para operaciones antiterroristas, incluido el reabastecimiento de combustible.
  • Desplegar fuerzas navales permanentes de la OTAN en el Mediterráneo oriental, para establecer presencia militar y demostrar la determinación de la Alianza.
  • Desplegar aviones de alerta temprana AWACS de la OTAN para apoyar las operaciones contra el terrorismo.

Pero que la respuesta internacional haya fortalecido los mecanismos de seguridad no significó mayor estabilidad, sostiene Daniel García, docente de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la Universidad Internacional del Ecuador (UIDE).

García recuerda que la denominada guerra contra el terrorismo se acompañó por una posición radical, expresada por el entonces presidente estadounidense George W. Bush: los países debían decidir si estaban con Estados Unidos o con los terroristas.

Para el internacionalista, ese escenario contribuyó a abrir una época de graves conflictos en Medio Oriente y sus consecuencias terminaron desestabilizando la región.

EE.UU. preparaba una respuesta militar

Mientras se concretaban las alianzas internacionales y el apoyo de la OTAN, desde Estados Unidos ya se preparaba una respuesta militar.

El 7 de octubre del 2001 comenzaron los ataques contra objetivos de Al Qaeda y los talibanes en Afganistán. Fue el inicio de la guerra más larga de la historia estadounidense y se prolongaría hasta la retirada de las tropas de Estados Unidos en 2021.

La OTAN señala que la operación se produjo después de que el régimen talibán se negara a entregar a Osama bin Laden y cerrar campos de entrenamiento terrorista.

En 2003 comenzó la guerra de Irak, que tuvo un origen distinto. En marzo de 2003, Estados Unidos y una coalición invadieron el país gobernado por Saddam Hussein

El Gobierno de George W. Bush sostuvo que Irak poseía armas de destrucción masiva y representaba una amenaza para la seguridad, dentro del nuevo escenario de la denominada guerra contra el terrorismo.

Hay una distinción histórica importante: el régimen de Saddam Hussein no fue responsable de los atentados del 11-S. Sin embargo, la invasión ocurrió dentro del nuevo escenario político y estratégico creado por la guerra contra el terrorismo.

La Comisión Nacional sobre los Ataques Terroristas contra Estados Unidos documentó contactos entre Irak y Al Qaeda, pero concluyó que no había evidencia de que esos contactos hubieran derivado en una colaboración para ejecutar ataques contra Estados Unidos.

Tampoco se encontraron los arsenales de armas de destrucción masiva que habían sido uno de los principales argumentos para la invasión. El Iraq Survey Group concluyó posteriormente que Saddam Hussein había terminado su programa de armas nucleares en 1991 y que no había existencias de armas químicas significativas acumuladas antes de la guerra de 2003.

Para García, estas guerras también tuvieron consecuencias para la posición internacional de Estados Unidos.

Tras el final de la Guerra Fría, señala, Washington había quedado como la potencia económica, militar y cultural dominante. Sin embargo, considera que la guerra contra el terrorismo puede ser vista como parte del comienzo del desgaste de esa hegemonía.

“Las guerras de Irak, las guerras de Afganistán fueron guerras muy polémicas. Estados Unidos no pudo resolver de manera determinante esos conflictos y, en gran medida, el prestigio estadounidense se vio afectado por la guerra contra el terrorismo”, sostiene.

Geopolítica

De un atentado a una respuesta global

El 11-S abrió una nueva etapa en la política exterior y de seguridad de Estados Unidos.

12 de septiembre de 2001
Inédito: la OTAN invoca por primera vez el Artículo 5
La Alianza acuerda aplicar la defensa colectiva si se confirma que el ataque fue dirigido desde el exterior: una agresión contra un miembro de la OTAN se considera un ataque contra todos.
18 de septiembre de 2001
Estados Unidos autoriza el uso de la fuerza
El Congreso autoriza al presidente a usar la fuerza contra los responsables de los atentados y quienes los protegieran.
2 de octubre de 2001
La OTAN confirma la defensa colectiva
Tras comprobarse que los atentados fueron dirigidos desde el exterior, el Artículo 5 queda plenamente activado.
7 de octubre de 2001
Comienza la guerra en Afganistán
Estados Unidos y sus aliados inician operaciones contra Al Qaeda y el régimen talibán, que daba refugio a Osama bin Laden.
Marzo de 2003
Comienza la guerra de Irak
Estados Unidos y una coalición invaden Irak bajo el argumento de que el régimen de Saddam Hussein representaba una amenaza. Irak no fue responsable de los atentados del 11-S.
85
países
con actividades estadounidenses relacionadas con el contraterrorismo identificadas entre 2018 y 2020.
Importante: la cifra incluye distintos tipos de operaciones, entrenamiento y asistencia en seguridad. No significa que Estados Unidos estuviera en guerra en 85 países.
Fuentes: OTAN, Congreso de Estados Unidos y Costs of War, Watson Institute, Brown University.
Elaborado con Inteligencia Artificial.

Más herramientas para controlar amenazas

Después del 11-S, Washington amplió las herramientas legales disponibles para investigar posibles amenazas terroristas y reforzó el intercambio de información entre agencias policiales y de inteligencia.

La aprobación del USA Patriot Act, en octubre de 2001, se convirtió en uno de los símbolos de esa nueva época.

La legislación amplió herramientas utilizadas en investigaciones relacionadas con terrorismo y facilitó el intercambio de información entre distintas áreas del Gobierno. El objetivo era prevenir un nuevo ataque. 

García considera que el aumento de las capacidades de vigilancia es uno de los legados del 11-S que permanece un cuarto de siglo después.

Los Estados, sostiene, cuentan actualmente con herramientas tecnológicas avanzadas para vigilar y recopilar información sobre sus ciudadanos.

“Big data, inteligencia artificial, cámaras, seguimiento de datos biométricos”, enumera el docente como parte de las tecnologías que 25 años después forman parte del escenario.

Así, 25 años después, el terrorismo ya no ocupa en solitario el centro de la agenda internacional de Estados Unidos.

¿Terminó el mundo que nació después del 11-S?

Un cuarto de siglo después, algunas características de aquel orden internacional permanecen y otras han perdido protagonismo, recalca el docente García. 

El terrorismo ya era considerado una amenaza antes del 11-S, pero los atentados cambiaron la dimensión de la respuesta. Estados Unidos colocó la lucha antiterrorista en el centro de su política exterior y de seguridad y recurrió a herramientas militares, de inteligencia y vigilancia que se extendieron también a la cooperación con otros países.

Parte de ese modelo permanece. García identifica, por ejemplo, el aumento de las capacidades de vigilancia de los Estados y los controles reforzados en fronteras y aeropuertos.

Lo que cambió nuevamente es la amenaza que concentra la atención internacional. Si durante los años posteriores al 11-S el terrorismo yihadista ocupó un lugar central en la agenda de seguridad estadounidense, 25 años después ha perdido ese protagonismo frente a otros desafíos.

“La agenda de las relaciones internacionales se enfoca mucho más en la competencia estratégica entre las grandes potencias”, sostiene García.

El terrorismo no desapareció, pero dejó de ser el eje alrededor del cual Estados Unidos organizaba buena parte de su política exterior. La competencia con China, la confrontación con Rusia, las guerras actuales y las amenazas cibernéticas forman ahora parte de un escenario internacional diferente.

El escenario mundial ha vuelto a cambiar durante los últimos años. Pero algunas de las estructuras políticas, militares y de vigilancia que se desarrollaron después del 11 de septiembre de 2001 sobrevivieron al período que las originó.