Suscríbete a nuestras notificaciones para recibir las últimas noticias y actualizaciones.

Debes habilitar las notificaciones en tu dispositivo para suscribirte a las últimas noticias.

Ni jugar ni ganar: el drama de Países Bajos y Alemania

Antes existía una mentalidad innegociable de buscar la victoria a toda costa, asumiendo la derrota como parte del camino.

Ronald Koeman saluda a Frenkie de Jong cuando este es sustituido en el partido contra Marruecos.

Moises Castillo (AP Photo)

Autor

Ramon Besa

Actualizado:

03 jul 2026 - 13:43

Holanda, la selección oranje de siempre, la Naranja Mecánica para los nostálgicos, hoy bautizada como Países Bajos, se olvidó de jugar en su empeño por competir mientras mudaba de nombre hasta claudicar en la Copa del Mundo de 2026 con la dimisión de Koeman. 

Ninguna de sus victorias parciales ha tenido el eco de la derrota en la final de 1974 ante Alemania. 

Volvió a perder en la de 1978, también en la de 2010 y fue tercera en 2014, cuando ya no quedaba ni rastro del campeón de la Eurocopa 1988, año en que formaban Koeman, Gullit, Rijkaard y Van Basten, célebre por la volea que supuso el 2-0 ante la Unión Soviética de Dassaev.

Koeman, que tiraba del hilo conductor desde el título de Múnich, acaba de claudicar después de la derrota contra Marruecos en el partido de dieciseisavos de final celebrado en Monterrey. 

La rueda de los penaltis acostumbra a penalizar a la selección de Países Bajos.

No encuentra la manera de revertir su desdicha en los momentos cruciales con independencia de los futbolistas en nómina, incomparables en cualquier caso con los que se alinearon en los años setenta con Johan Cruyff. 

La generación que lideró Van Basten y después el Big Four –Robben, Van der Vaart, Sneijder y Van Persie limitaron su dominio a Europa.

El Mundial se resiste a Holanda y mengua su influencia futbolística por la falta de impacto individual y colectivo si se tiene como referencia al Ajax, campeón continental en los años setenta y hoy quinto clasificado en la última Liga. 

El director deportivo del club de Amsterdam es Jordi Cruyff, hijo de Johan Cruyff, el mismo que edificó el Dream Team, y su entrenador será Michel, el técnico que llevó al Girona hasta la Liga de campeones y que ha abandonado Montilivi después del descenso a Segunda. 

El Ajax se inspira en el juego del Girona y en el estilo del Barça de la misma manera que el Barcelona se edificó a partir de Cruyff y el Ajax.

La presión después de perder la pelota, muy propio de la escuela alemana que hoy representa un preparador como el azulgrana Flick, ha sustituido al fútbol total exhibido por el Ajax y por la selección de Holanda de Rinus Michels. 

Ni siquiera Koeman, jugador fetiche de Cruyff junto con Van Basten, ha sido capaz de evolucionar el juego holandés y del Barça. La meta fue la final de la Liga de las Naciones en 2019. 

El plan de Koeman ha sido muchas veces reactivo, condicionado tanto por el rival como el marcador, como se vio de manera elocuente en la última confrontación con Marruecos.

A falta de punto final por la ausencia de un ariete goleador, igual de dependiente de Brobbey que de Malen, Summerville o del menguado Memphis, la selección se ha encomendado a Van Dijk, un central origen del juego al igual que en su día fue Koeman. 

No ha alcanzado para levantar la Copa por más empeño que hayan puesto jugadores del calibre de Gapko o De Jong y un portero como Verbruggen que por momentos ha evocado la figura de Van der Sar. 

Han sido los propios futbolistas los que se han remitido a las decisiones de Koeman después de que vaciara el medio campo para llenar las dos áreas en un dispositivo 5-2-3.

No hay un país más autocrítico futbolísticamente, capaz de auscultarse y opinar, ni tampoco una selección más acostumbrada a los pleitos internos, ya sea entre clubes o incluso raciales, que la de Países Bajos. 

Había, sin embargo, un fondo común innegociable que se ha diluido con el tiempo, que era el de atacar, ir a por la victoria sin desfallecer ni miedo alguno, hasta el extremo de que la derrota se asumía como parte irremediable del proceso, no como un mérito del rival, sino como un servicio a la colectividad.

La creatividad, el ingenio, el disfrute del fútbol puro, con y sin extremos, se imponían al resultadismo representado por Alemania.

Alemania ha dejado de ganar y Holanda no para de perder en la Copa del Mundo.

El desafío ya no es solo encontrar a un entrenador que sepa dar con la respuesta que no encontraron Koeman, Van Gaal ni Advocaat. 

Hay muchos nombres solventes en la lista como Bosz y Sloot. 

La cuestión de fondo es recuperar la identidad perdida a partir de un mayor cuidado de la cantera y de una menor selección de jugadores muy competitivos en campeonatos como la Premier solo dos internacionales de la última lista juegan en la Eredivisie.

Quizá sea conveniente volver a definir qué significa ser jugador de la selección de Holanda.

El resultadismo, de momento, no funciona en un equipo que hasta ahora había sido admirado por su fútbol y no por el marcador, como si su reto fuera el de enseñar a jugar y no a ganar.