En mercados de Quito venden carne de tiburón como si fuera corvina, revela estudio
Un estudio realizado por la Universidad San Francisco de Quito detalla que más del 47% de corvina que se consume en la Sierra es tiburón.

Un estudio reveló que casi la mitad de corvina que se consume en los mercados de Quito es carne de tiburón.
Teleamazonas.
Compartir
Actualizada:
20 feb 2026 - 14:50
Un estudio científico reveló que en varios mercados de Quito se estaría vendiendo carne de tiburón como si fuera corvina u otro pescado común, sin que los consumidores lo sepan. La investigación analizó muestras compradas en mercados de la capital y otras ciudades del país y encontró que casi la mitad correspondían a tiburón.
El trabajo, realizado por investigadores de la Universidad San Francisco de Quito, revisó 97 muestras de pescado vendidas entre junio y septiembre de 2023. Los científicos pidieron “corvina”, uno de los nombres más usados en los puestos, y compraron la opción más barata, como lo haría cualquier cliente. Luego, analizaron la carne en laboratorio.
Los resultados muestran que el 47% de las muestras eran en realidad carne de tiburón. En Quito, el porcentaje fue del 66,6%, es decir, dos de cada tres compras resultaron ser de esta especie, aunque se ofrecían como otro tipo de pescado.
Estas muestras provenían de ciudades de la sierra (Ambato, Cuenca, Ibarra y Quito). No se identificó carne de tiburón en las muestras de las ciudades costeras (Guayaquil y Manta).
Tiburones amenazados en los platos
El estudio identificó cuatro tipos de tiburón que se estaban vendiendo sin informar al público. Todos están en alguna categoría de riesgo, es decir, sus poblaciones están disminuyendo y necesitan protección.
Se identificaron cuatro especies de tiburón: Alopias pelagicus (En peligro de extinción), Carcharhinus falciformis (Vulnerable), Sphyrna zygaena (Vulnerable) y Prionace glauca (Casi amenazada).
Entre ellos están especies que tienen prohibiciones o controles especiales en Ecuador. Sin embargo, su carne sigue llegando a los mercados, camuflada bajo otros nombres.
“Muchas personas en la Sierra compran pescado sin saber realmente qué están llevando a casa”, advierten los investigadores en el informe. Esto ocurre porque la carne se vende en filetes, sin cabeza ni piel, lo que hace imposible reconocer el animal original.
Un problema para los consumidores
La venta de tiburón como si fuera corvina no solo afecta al medioambiente, sino también a los compradores. Según el estudio, algunas especies de tiburón pueden tener niveles altos de mercurio, lo que representa un riesgo para niños, mujeres embarazadas y personas con problemas de salud.
Además, los consumidores estarían pagando más por un producto que en realidad vale menos. En muchos casos, la corvina y otros pescados se venden al doble del precio del tiburón, sin que el cliente lo sepa.
Llamativamente, en ciudades como Guayaquil y Manta no se encontraron muestras de tiburón en los mercados analizados. Los investigadores creen que esto puede deberse a que en la Costa hay mayor cultura sobre el consumo de pescado y más conocimiento sobre las especies.
En cambio, en la Sierra, donde el pescado llega desde otras provincias, el control es menor y la información para el comprador es limitada. El estudio tomó muestras en Quito, Ambato, Ibarra y Cuenca.
El estudio señala que en Ecuador no existe un sistema claro que permita seguir el recorrido del pescado desde el mar hasta el mercado. Esto facilita que la carne de tiburón se mezcle con otros productos y se venda sin identificar.
También advierte que los controles son insuficientes y que no siempre se revisa qué especies llegan a los puestos de venta.
¿Qué se recomienda?
Los investigadores proponen tres medidas principales:
- Crear un sistema que permita conocer el origen del pescado.
- Realizar controles periódicos en los mercados.
- Informar a la ciudadanía sobre lo que consume.
Mientras no se apliquen estos cambios, miles de personas en Quito podrían seguir comiendo tiburón sin saberlo, creyendo que compran corvina u otro pescado común.
El estudio concluye que el problema no solo pone en riesgo a especies amenazadas, sino que también vulnera el derecho de los consumidores a recibir información clara y veraz sobre los alimentos que llegan a su mesa.
Compartir

