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No solo es Mazar: Molino y Sopladora también reducen su capacidad durante el estiaje

La falta de agua limita la generación en las tres hidroeléctricas del Complejo Integral. Expertos advierten de riesgos para las turbinas si se opera por debajo de los niveles de seguridad.

La central hidroeléctrica Paute Sopladora forma parte del complejo integral Paute.

MAE.

Autor

Lizette Abril

Actualizado:

20 oct 2026 - 14:09

La crisis eléctrica en Ecuador no se limita a la caída del nivel del embalse de Mazar. Las hidroeléctricas Molino y Sopladora también enfrentan restricciones en su generación debido a la escasez de agua que afecta al complejo Paute Integral. 

Las tres centrales tienen una capacidad instalada conjunta de 1 757 megavatios (MW). Sin embargo, según los registros de operación del lunes 19 de octubre de 2026, su generación promedio conjunta se ubicaba alrededor de los 330,2 MW, equivalente al 18,8% de su capacidad instalada.

La situación preocupa a los especialistas porque las tres hidroeléctricas dependen del mismo recurso hídrico y una reducción sostenida de los caudales puede afectar su funcionamiento.

"No estamos hablando de tres problemas independientes, sino de una restricción que afecta a todo el complejo", explicó a Teleamazonas el experto energético Andrés Pogo.

El especialista señaló que Mazar cuenta con 170 MW instalados, Molino con 1 100 MW y Sopladora con 487 MW. No obstante, esa capacidad no puede aprovecharse completamente cuando disminuye la disponibilidad de agua.

¿Qué está pasando con Molino y Sopladora?

El complejo Paute Integral funciona mediante un sistema de generación en cascada. El agua almacenada en Mazar puede aprovecharse aguas abajo en el embalse de Amaluza, que abastece a Molino, y posteriormente en Sopladora.

Por esta razón, una reducción significativa del recurso hídrico puede afectar a las tres centrales. Pogo explicó que una paralización de Mazar no significa necesariamente que deje de llegar agua a Molino, porque existen mecanismos de descarga que permiten mantener el flujo aguas abajo.

Sin embargo, si el caudal disponible continúa disminuyendo, Molino tendrá que reducir su producción. Esto también repercutiría en Sopladora, que aprovecha principalmente el agua previamente utilizada por Molino.

José Alberto Medina, experto energético coincidió en que todo el complejo enfrenta dificultades por el estiaje. "Hay bajos niveles de almacenamiento y hay restricciones en las operaciones", explicó a Teleamazonas.

Medina señaló que la reducción de la generación responde a la disponibilidad limitada de agua y no necesariamente a problemas mecánicos en las unidades.

Amaluza está bajo presión por los sedimentos 

Uno de los puntos más delicados se encuentra en el embalse de Amaluza, que abastece a la central Molino.

Durante octubre, su cota ha descendido por debajo de la referencia operativa que es de 1 975 metros sobre el nivel del mar, lo que reduce el margen para mantener la generación en condiciones adecuadas.

Medina planteó que los técnicos podrían estar adoptando medidas para evitar que las impurezas, sedimentos y materiales arrastrados por el agua lleguen a las turbinas.

Según su análisis, una posibilidad es mantener Amaluza en una cota baja mientras se administra el paso del agua hacia Molino, procurando reducir el arrastre de materiales que puedan dañar los equipos.

Pogo también advirtió que Amaluza presenta un problema histórico de acumulación de sedimentos, por lo que su operación requiere especial atención cuando disminuye el nivel del agua.

El experto explicó que alcanzar la referencia mínima no significa necesariamente que todas las turbinas deban detenerse inmediatamente, siempre que se mantengan las condiciones hidráulicas establecidas para su funcionamiento.

Sin embargo, operar con niveles cada vez más bajos aumenta la necesidad de controlar las condiciones de presión, vibraciones y exposición a sedimentos.

Las turbinas podrían sufrir daños difíciles de reparar

Los especialistas coinciden en que existe una diferencia fundamental entre producir menos electricidad y operar por debajo de los niveles mínimos de seguridad.

Medina explicó que una central puede generar menos de su capacidad instalada por decisiones operativas, para ahorrar agua o por restricciones técnicas.

El riesgo aparece cuando las unidades continúan funcionando sin cumplir los parámetros hidráulicos necesarios para proteger sus equipos.

"Al comenzar a trabajar por debajo de la cota, puedo arrastrar todo tipo de impurezas y materiales que pueden dañar considerablemente las instalaciones o los equipos", advirtió.

El especialista sostuvo que una avería importante podría obligar a paralizar una turbina durante varios meses, dependiendo de la gravedad de los daños.

"Podría ser que la turbina tarde al menos unos seis meses en poder ser reparada", señaló Medina, al referirse a un escenario de daño grave.

Pogo también identificó riesgos de cavitación, vibraciones, condiciones desfavorables de presión y mayor exposición a sedimentos.

La cavitación ocurre cuando pequeñas burbujas de vapor se forman y colapsan dentro del flujo de agua, provocando erosión en los componentes de las turbinas.

Ambos expertos aclararon que la existencia de estos riesgos no demuestra que actualmente se estén produciendo daños en las unidades.

Mazar está a menos de siete metros de su umbral preventivo

La situación se vuelve más compleja por el descenso sostenido del embalse de Mazar. Este martes 20 de octubre, su cota se ubicaba alrededor de los 2 121,6 metros sobre el nivel del mar, aproximadamente 6,6 metros por encima de la referencia preventiva de 2 115 metros.

Aunque la documentación técnica de Celec también establece una cota mínima de 2.098 metros, los especialistas explicaron que ambos niveles no deben confundirse.

Pogo señaló que los 2.115 metros constituyen una referencia para adoptar medidas de protección y restringir la generación, mientras que los 2.098 metros corresponden al límite inferior señalado en la información técnica del embalse.

Medina coincidió en que los 17 metros de diferencia no pueden considerarse una reserva adicional que permita continuar generando electricidad sin restricciones.

"Es una alerta naranja que les permite a los técnicos y a los ingenieros maniobrar y comenzar a realizar operaciones que ayuden a prevenir o a cuidar el uso de las turbinas", explicó.