¿Por qué independizarse en Ecuador es casi una misión imposible para los jóvenes?
El economista Juan Carlos Salvador analiza cómo la concentración del desempleo en los jóvenes, los salarios precarios y el costo de vida impiden el acceso a la vivienda y al financiamiento.

Cuatro de cada 10 familias no logran cubrir el costo de vida mínimo, según el INEC.
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Actualizado:
09 oct 2026 - 15:00
Independizarse, pagar un arriendo, alimentarse bien y tener estabilidad financiera se ha convertido en una carrera de obstáculos para la juventud en Ecuador.
Detrás de los indicadores macroeconómicos existe una realidad cotidiana: el 40% de las personas desempleadas en Ecuador son jóvenes de entre 15 y 24 años, de acuerdo con el INEC.
Mientras que los mismos indicadores señalan que el 36% de los hogares ecuatorianos percibe ingresos inferiores al Salario Básico Unificado (SBU).
Las historias de David, Rose y Diego —tres jóvenes que habitan en el centro, norte y sur de Quito— ilustran la precariedad laboral, la falta de acceso a empleos dignos y el impacto del alto costo de vida en la ciudad.
Sin embargo, antes de abordar cada una de estas realidades, hay indicadores económicos que no se deben ignorar.
Ingresos insuficientes y desempleo
El primer gran obstáculo para la independencia es la falta de recursos básicos, según explicó en entrevista con Teleamazonas, el economista Juan Carlos Salvador, expresidente del Colegio de Economistas de Pichincha.
De acuerdo con datos del INEC revisados por el experto, 4 de cada 10 familias no logran cubrir el costo de vida mínimo.
A esto se suma el deterioro del empleo. Aunque la tasa general de desempleo se ubicó en el 7,7% a escala nacional (tres puntos porcentuales más que en el periodo anterior), el dato más crítico del INEC radica en quiénes integran esa cifra.
El economista señala que este dato corresponde al 40% de todos los desempleados del país que son jóvenes de entre 15 y 24 años.
"Existen dos realidades paralelas: por un lado, las personas que no tienen trabajo son mayoritariamente jóvenes; por otro, los jóvenes que sí cuentan con un empleo adecuado no ganan lo suficiente para satisfacer sus necesidades básicas o independientes".
Juan Carlos Salvador, expresidente del Colegio de Economistas de Pichincha.
Estos datos macroeconómicos se reflejan a diario en las decisiones de miles de jóvenes en las urbes del país.

David, joven de 28 años, desempleado
Uno de los jóvenes ecuatorianos que está desempleado a sus 28 años es David, que vive en el barrio tradicional de La Tola, en la casa de sus padres.
Aunque busca activamente un empleo formal en su área (la comunicación y producción audiovisual), las ofertas que encuentra en el mercado laboral están saturadas, mal pagadas o carecen de garantías básicas.
"Te designan tareas que podrían hacer dos personas pero por un sueldo básico, sin contrato ni afiliación al IESS. No hay estabilidad ni dignidad".
David, joven desempleado.
Para salir adelante se sostiene mediante el freelance, trabajos temporales y emprendimientos en su barrio.
Sin embargo, sus ingresos son altamente fluctuantes y giran entre los USD 100 y USD 200 al mes , una cifra que le impide abandonar el hogar paterno.
"El freelance ayuda a sobrevivir, pero no existe una estabilidad real para suplir las necesidades de un hogar".
David, joven desempleado.

Sin acceso a crédito ni a vivienda
Asimismo, la precariedad y inestabilidad en las condiciones de contratación condicionan cualquier intento de planificación a largo plazo, de acuerdo con Juan Carlos Salvador.
Sin ingresos estables ni contratos formales, los jóvenes quedan automáticamente excluidos del sistema financiero.
Salvador señala que esta falta de liquidez y garantías bloquea la posibilidad de acceder a:
- Créditos hipotecarios o de inversión.
- Contratos formales de arrendamiento de vivienda.
- Adquisición de terrenos o bienes inmuebles.
Esta brecha se profundiza según el territorio. En las zonas rurales y periféricas, sumadas a los efectos de la inseguridad o eventos climáticos.
Las condiciones de vulnerabilidad se agudizan, restringiendo aún más las oportunidades de desarrollo personal.
Rose, gana el SBU y sobrevive
Estos datos se acercan a una realidad del norte de Quito. Rose trabaja como mesera polifuncional en una cafetería y percibe el salario básico (USD 482 con los descuentos de ley para la seguridad social).
Comparte departamento con su pareja para amortiguar los gastos diarios, pero el margen de maniobra es mínimo.
"De mi sueldo se van 150 dólares en arriendo y 15 más en servicios básicos. En comida se me van otros 100 dólares compartidos".
Rose, joven que sobrevive con el sueldo básico.

El resto de su ingreso se destina a cubrir el transporte diario, las cuotas mínimas de tarjetas de crédito (que oscilan entre USD 90 y USD 120) y los cuidados de su mascota.
Para Rose y su pareja, el esparcimiento y la salud preventiva están fuera del alcance regular.
"Para entretenimiento no queda casi nada; salimos como mucho una vez al mes si se puede. Y si nos enfermamos, dependemos únicamente de la atención del IESS".
Rose, joven que sobrevive con el sueldo básico.
Independencia a cuentagotas
A sus 28 años, Diego logró dar el paso hacia la independencia y alquiló un departamento en la Villaflora, al sur de Quito.
No obstante, mantenerse solo exige sacrificios diarios en su calidad de vida y en su alimentación.
Entre el arriendo (USD 250) y los servicios básicos, sus gastos fijos rozan los USD 300 mensuales.
"Lo que más me cuesta es sostener mi alimentación y privarme de gustos personales. Tengo que buscar almuerzos económicos de máximo 2,50 a 3 dólares o ver cómo cocinar con presupuesto apretado".
Diego, joven que se independizó y mantiene sus cuentas ajustadas.
Por la falta de liquidez y capacidad de ahorro, amueblar su hogar ha sido un proceso lento:
"Todavía no acabo de amueblar la casa, me toca ir poquito a poquito".
Diego, joven que se independizó y mantiene sus cuentas ajustadas.
Aunque Diego, logró un paso a la indenpendización, debe doblar esfuerzos para sostener su nuevo estilo de vida en la capital ecuatoriana.
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